Suavemente la aplasté primero, la recogí del papel después, y tiré su cadáver a la basura, una vez que ya la había escaneado.
Tuve eso sí, que dejar un tiempo entre escacharla y escanearla, para que se secara todavía más, no me fuera a manchar con sus caldos verduscos y amarillentos.
Los que tras fallecer son escachados, sueltan unos líquidos tremendamente asquerosos. Y manchan mucho con el agravante de que no es nada sencillo limpiarlos.