
Él no lo sabe, pero creo que ya van dos veces y con diferentes posturas en las que aparece por mis imágenes de cazador de instantes más o menos controlados.
Él no lo sabrá nunca, pero lo pillé descansando y me produjo sensación de calidad aquel instante. Nos hemos vuelto amigos de nada, o si acaso de sensaciones.
La mochila de la imagen es el contrapunto, el toque de humanidad real en tanta frialdad del momento, y que habla de que tal vez el hombre quiera seguir caminando hacia otro lugar.
El hombre estaba ensimismado. Seguramente cansado, pero no sé si solo de forma física o también del pensamiento.
Esos contrastes de color, esos azules del fondo contrastando con los amarillos de la luz de los asientos de plástico, me atraparon.
Al fondo está la luz, pero el personaje no quiere ni mirarla, no la busca, tal vez solo le preocupa su luz interior.
Fue cazado y archivado con rapidez para que nadie se diera cuenta, y me fui del lugar convencido de que me llevaba un buen trofeo. Yo es que me conformo con muy poco.
