5.5.26

Una melonería de un melonero


Ya no hay meloneros por las calles de España. Cambiamos incluso en esa imagen celtibérica de los comercios de calle. Está ladeado el comercio, parece caerse pero se sujetan los unos a los otros. Es la propia calle la que está en pendiente. Todo lo demás se sujeta, los unos a los otros. Aunque sean esféricos.

Aquellos melones y sandías tenían garantía. Siempre salían buenos, pues el vendedor era fiel con sus clientes y entendía de dulzor, de golpes en el culo de la fruta, de olores a maduros. E incluso eran baratos.

3.5.26

Posar algo asustada


—¡Mírame a la mano! Quiero que dirijas la mirada a este punto, para que quedes mucho más natural.  

Y poco a poco se fueron conformando el recuerdo, la idea, el dibujo, el trabajo y la relación con el lugar.

La joven estaba casi asustada, algo preocupada pues ella no pretendía nada que no fuera acabar pronto que aquel posado que no había pedido. Se sentía abrumada y rodeada. Encerrada en un rincón sin posibilidad de huir. 

—¿Y nos tendremos que llevar luego ese dibujo tan grande y feo hasta casa— se preguntaba por dentro.

Hoy nadie se acuerda de aquellos minutos y mucho menos, nadie sabe en donde se guarda aquella caricatura. Pero el sofoco sigue dentro de la joven.