25.4.26

Una bella dama muy débil


¿Volamos? 

Te llaman La Bella Dama, y aciertan, por eso me quedé prendado de tus formas sin apartar la mirada.

No te moviste durante unos segundos, pero estoy seguro de que me veías bien, atenta a si hacía un ejercicio brusco.

Me observarías con el rabillo de tus ojos complejos, y viste que no parecía pretender nada violento.

Luego me enteré de que eres una tremenda voladora, que haces miles de kilómetros tú sola.

Quizá estabas muy cansada y por eso me dejaste acercar. 

Ya no te pido que volemos juntos. 

No te podría aguantar tu ritmo.

24.4.26

Una libreta, un bastón y un instante


La belleza del instante me obligó a detenerme.

Había tranquilidad en su gesto, pero también una pregunta sin respuesta.

La imagen me decía una cosa, y lo que escribían sus manos podría decir algo completamente diferente.

Era un secreto, como la mayoría de las escrituras personales.

No se dio cuenta de que me lo llevaba a casa con su gesto.

Lo importante era lo que estaba escribiendo, y eso nunca podré saberlo.

Mientras tanto, su bastón descansaba, ajeno a las dudas.