Y al mirar sobre la ventana se me distorsionó el punto de vista a través de los cristales mal pulidos.
Ya nunca volví a ver recto.
Ya nunca volví a ver recto.
Pero la calma, la suavidad, el silencio de la tranquilidad la comparten la gaviota, los integrantes del velero y nosotros ahora que lo contemplamos.
Nos podemos imaginar ese silencio.
Incluso sería bueno imaginárnoslo y pensar que existe en estos tiempos tan llenos de ruidos.
¡¡Chiss!! No digamos nada, solo escuchemos pero eligiendo a quien nos quiere hablar.